“GET THEM OUT!” — CHANTS SHAKE CENTRAL LONDON Tensions flared as crowds took to the streets, demanding the resignations of Keir Starmer and Sadiq Khan. The demonstration, led by the group British Lads, saw protesters vent anger over crime, migration, and the direction of leadership in London. Police remained on standby as tensions simmered.

Published April 4, 2026
News

Las calles del centro de Londres se sacudieron con cánticos ensordecedores de “¡Get them out!” (¡Sáquenlos de ahí!). La tensión estalló cuando miles de personas salieron a manifestarse exigiendo la dimisión inmediata del primer ministro Keir Starmer y del alcalde de Londres, Sadiq Khan. La protesta, liderada por el grupo British Lads, reflejó un profundo descontento ciudadano con las políticas de inmigración, el aumento de la delincuencia y la dirección general del Gobierno laborista en materia de seguridad y orden público.

La manifestación recorrió zonas emblemáticas del centro londinense, donde los manifestantes expresaron con vehemencia su frustración. Los cánticos resonaron contra los edificios históricos mientras pancartas y banderas ondeaban con mensajes directos contra los líderes laboristas. Según las informaciones disponibles, los participantes ventilaron su enfado por lo que consideran una gestión fallida en temas clave como el control de las fronteras, la lucha contra la delincuencia callejera y la percepción de que las autoridades priorizan ciertos intereses por encima de la seguridad de los ciudadanos británicos de a pie.

El grupo British Lads, conocido por su línea dura y su defensa de una identidad británica más tradicional, convocó la protesta con el objetivo claro de presionar al Gobierno. Los organizadores argumentaron que tanto Starmer como Khan han fallado en su responsabilidad de proteger a la población ante el incremento de incidentes delictivos, incluidos robos, agresiones y problemas asociados a la inmigración masiva no controlada. “Londres ya no se siente seguro. Nuestras calles están cambiando y los responsables miran hacia otro lado”, fue uno de los mensajes que se repitieron entre los asistentes.

La policía se mantuvo en alerta máxima durante todo el evento. Agentes antidisturbios y unidades de orden público estuvieron desplegados en puntos estratégicos para evitar que la tensión derivara en enfrentamientos directos. Aunque se reportaron momentos de alta carga emocional y algunos roces con las fuerzas del orden, no se produjeron incidentes graves de violencia generalizada según las primeras versiones. Sin embargo, la atmósfera era claramente confrontacional, con manifestantes desafiando la presencia policial y exigiendo respuestas concretas de las autoridades.

Keir Starmer, que asumió el cargo de primer ministro tras la victoria laborista en las elecciones generales, enfrenta crecientes críticas desde distintos sectores. Su Gobierno ha sido acusado de mantener políticas migratorias laxas heredadas o incluso ampliadas, de no abordar con suficiente firmeza la crisis de vivienda y de permitir que la delincuencia en la capital británica alcance niveles preocupantes.

Sadiq Khan, alcalde de Londres desde 2016 y reelegido en varias ocasiones, acumula críticas similares: muchos londinenses le reprochan la gestión de la Policía Metropolitana, el aumento de los casos de cuchilladas entre jóvenes y la percepción de que ciertas comunidades reciben un trato preferencial en detrimento de la mayoría.

La protesta se produce en un contexto de creciente desafección hacia el Partido Laborista. Tras meses de Gobierno, las promesas de “cambio” realizadas durante la campaña electoral chocan con la realidad diaria de muchos ciudadanos: colas en hospitales, presión sobre los servicios públicos, inflación persistente y una sensación general de que el país ha perdido el control de sus fronteras. Los manifestantes, en su mayoría hombres jóvenes y personas de clase trabajadora, expresaron que se sienten ignorados por una élite política desconectada de las preocupaciones cotidianas.

“¡Get them out!” no fue solo un eslogan aislado. Se convirtió en el grito unificador que retumbaba en Trafalgar Square, Whitehall y otras arterias centrales. Algunos participantes llevaban banderas del Reino Unido y pancartas con frases como “Londres primero” o “Detengan la invasión”. El tono era de enfado contenido pero firme, con discursos improvisados que denunciaban lo que describen como “traición” a los valores británicos tradicionales.

Este tipo de manifestaciones reflejan una polarización creciente en la sociedad británica. Mientras una parte de la población defiende el multiculturalismo y las políticas progresistas impulsadas por Starmer y Khan, otra sector cada vez más visible reclama un giro hacia políticas más estrictas en inmigración, mayor inversión en seguridad y una defensa explícita de la cultura e identidad nacionales. El grupo British Lads representa esa corriente que se siente marginada en el debate público y que busca hacerse oír a través de acciones directas en la calle.

La Policía Metropolitana ha confirmado que monitoreó de cerca el evento y que intervino cuando fue necesario para mantener el orden. Fuentes cercanas a los organizadores aseguran que la protesta fue pacífica en su esencia, aunque cargada de emoción y frustración legítima. “No venimos a buscar violencia, venimos a exigir que nos escuchen”, declararon algunos portavoces extraoficiales. Sin embargo, críticos del evento advierten que este tipo de concentraciones pueden alimentar divisiones sociales y ser instrumentalizadas por grupos extremistas.

Keir Starmer y Sadiq Khan, por su parte, no han emitido declaraciones inmediatas sobre esta protesta específica, aunque ambos han enfrentado en el pasado acusaciones de “dos pesos y dos medidas” en su respuesta a distintas manifestaciones. Starmer ha condenado en ocasiones anteriores actos de desorden público, mientras que Khan ha enfatizado la necesidad de proteger la diversidad londinense. Esta vez, el silencio o las respuestas tibias podrían interpretarse como una nueva señal de desconexión.

El impacto de la manifestación trasciende el momento puntual. Refleja un malestar acumulado que podría traducirse en mayores presiones políticas en los próximos meses. Con las encuestas mostrando un descenso en la popularidad del Gobierno laborista y un aumento del apoyo a opciones más derechistas o populistas, eventos como este sirven de termómetro para medir el pulso de la calle. Muchos analistas coinciden en que el descontento por la inmigración y la seguridad se ha convertido en uno de los temas que más dividen a la sociedad británica actual.

Londres, históricamente una ciudad de protestas y movimientos sociales, vuelve a ser escenario de este tipo de expresiones ciudadanas. Desde las marchas contra la guerra en Irak hasta las protestas por el Brexit o contra las medidas covid, la capital británica ha visto de todo. Esta nueva ola, sin embargo, parece tener un carácter más existencial: se trata de quiénes son los dueños de las calles y hacia dónde se dirige el país en las próximas décadas.

Los organizadores de British Lads han anunciado que no se detendrán aquí y que planean nuevas acciones si no reciben respuestas concretas del Gobierno. Exigen, entre otras cosas, un endurecimiento inmediato de las políticas migratorias, mayor financiación para la policía y un plan claro para reducir la delincuencia violenta en Londres, especialmente en barrios donde los residentes se sienten abandonados.

Mientras tanto, el resto de la sociedad observa con atención. Algunos ven en estos cánticos una legítima expresión democrática; otros los interpretan como un síntoma peligroso de radicalización. Lo innegable es que la tensión está presente y que las demandas de dimisión de Starmer y Khan resuenan cada vez con más fuerza en ciertos sectores.

El centro de Londres, con su mezcla de historia, poder y diversidad, se convirtió por unas horas en el altavoz de un descontento que ya no se conforma con quedarse en silencio. Los cánticos de “¡Get them out!” no solo sacudieron las calles: también pusieron sobre la mesa preguntas profundas sobre el futuro del Reino Unido, su identidad y su capacidad para integrar o controlar los cambios demográficos y sociales de las últimas décadas.

En un momento en que la confianza en las instituciones políticas está bajo mínimos, protestas como esta sirven de aviso. Ignorarlas o minimizarlas podría agravar la brecha entre gobernantes y gobernados. Escucharlas, aunque resulte incómodo, podría ser el primer paso para restaurar algo de esa confianza perdida.

La manifestación dejó claro que un sector importante de la población británica ya no está dispuesto a aceptar pasivamente las políticas actuales. Exigen cambios reales, no promesas electorales. Y mientras los cánticos aún resuenen en el centro de Londres, el mensaje es inequívoco: la paciencia se está agotando y la presión sobre Keir Starmer y Sadiq Khan no hará más que aumentar en las semanas y meses venideros.